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El sabor señorial. Casas solariegas en la Sierra del Segura

La comarca guarda aromas medievales. El trazado de sus calles, las cortijadas esparcidas por los montes y algunas casas solariegas que encierran entre sus paredes, la genética medieval que forjó la sociedad y la tierra de la Sierra del Segura. Casas solariegas de un tiempo reposado y discreto. Aquel tiempo que siguió a la ola de odio religioso, y que terminó por instaurar la cultura cristiana y feudal. Aquel tiempo disciplinado y lejano incluso, de los ecos del revoltoso Martín de Robres, quien provocara desmanes en nuestros pueblos, en su lucha contra los impuestos del Rey. Aquellos hombres que venían de las montañas de Burgos, Valladolid o Navarra y que se hicieron notables, en muchos casos, por los honores conseguidos en las batallas y la lealtad hacia la corona. Tras la expulsión de moros y judíos, la Orden de Santiago repobló varios de nuestros pueblos y para dar muestra de sus propiedades y poderes, algunos de aquellos hombres construyeron estas casas señoriales, con escudo de armas en la fachada y todas las comodidades propias que gozaban los señores de la tierra y los amos del trabajo.

Linaje y nobleza, portadas pétreas, amplios zaguanes, caballerizas, bodegas y un gran número de estancias. Abundancia renacentista en las fachadas adinteladas y los patios claustrados, construidos al “modo España”, con pozo y desagüe para las aguas, con laboriosos capiteles tallados y frescura en las sombras, para las ardientes tardes del veranico serrano. Un tiempo antiguo que imaginamos al contemplar estas joyas arquitectónicas que se conservan en la Sierra del Segura. No en todos los pueblos, pero sí muy significativas en Elche de la Sierra, Yeste y sobre todo, Liétor, en la que esta arquitectura civil es testigo vivo de la grandeza y la importancia que supuso el estatus social en aquella época. Casas como las de la calle Mesón, 10, plaza del Conde, 8 y 10, calle Canalejas, 12 y calle del Cura 14 y 28 encierran ese sabor pasado que provoca tanto enigma.

Cada casa solariega tiene su propia historia. Rodríguez Llopis estudió las de Yeste, en sus investigaciones, rescata un texto de la Orden de Santiago en 1575, donde describe como se construían las casas humildes del pueblo: “Los edificios y casas desta dicha villa son de tapieria con tierra los çimientos de piedra y lodo algunos de cal y canto y los demás materiales son de madera que ay abundancia en el pueblo”. En las solariegas, por su parte, se usaban los mejores materiales. Seis de estas casas perviven en la calle Guerreros y San Marcos, aunque alguna ya está dividida entre varias viviendas. Algunas ya desaparecieron como las puertas que tenía Yeste.

En Férez o Elche de la Sierra, también se puede encontrar alguna de estas casas señoriales que nos hablan de otro tiempo. Aquellos años de barbecho, cultivo de cereales, técnicas ancestrales que generaron bajo rendimientos, pero que sin embargo, atrajeron a personas con mentalidad capitalista al hervor de la revolución liberal. Las tierras comenzaron a cambiar de manos y la nueva burguesía supo introducir nuevos utensilios agrarios y comenzó a buscar cultivos más rentables a los cereales. Surgen entonces las fábricas de esparto, cáñamo, alfombras o el cultivo extensivo de vid u olivo. Las casas de algunos de los propietarios datan de aquella época y aunque no siempre tienen linaje, todas mantienen la presencia solariega.

La Limpieza de Sangre e Hidalguía, una prueba de linaje que se hacía en los siglos XVI y XVII, ejemplifica la importancia de los genes en la época. En Liétor, cuatro casas representan bien de qué hablamos. Tovarra, Martínez de Galera, Rodríguez de Escobar o Belmonte. Apellidos de curas, frailes, alcaldes, regidores, comendadores o incluso comisarios de la Santa Inquisición. Ellos representaban el poder económico y social, fomentaron las obras religiosas y públicas y modificaron la fisonomía de nuestros pueblos. Hacia finales del siglo XIX, aquellas élites aristócratas perdieron influencia y muchos marcharon a las incipientes urbes. Aunque nunca se fueron del todo, los sabores de la historia quedaron en estas casas, que ahora disfrutamos la plebe del siglo XXI.

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sierra del segura, solariegas, cultura, rural
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